Desde la década de los sesenta, científicos de todo el mundo tratan de estudiar y explicar el efecto invernadero, sobre lo que sigue existiendo una gran controversia.
Desde hace años se viene afirmando, entre otras cosas, que la gran cantidad de combustible quemado por la humanidad, aumenta el contenido de gas carbónico y de metano en la atmósfera, lo que hace elevar las temperaturas promedio de las capas atmos¬féricas próximas a la superficie terrestre.
Por efecto invernadero se entiende un fenómeno por el que determinados gases, que son componentes de nuestra atmósfera, retienen parte de la energía que el suelo emite al ser calentado por la radiación solar. Lo que evita que la energía solar recibida constantemente por la Tierra, vuelva inmediatamente al espacio, resultando un efecto similar al observado en un invernadero.
Afecta a todos los cuerpos planetarios dotados de atmósfera. Este hecho se está viendo acentuado en la Tierra por la emisión de ciertos gases, como el dióxido de carbono y el metano, producidos por la actividad humana y animal.
Las deducciones de los científicos alarman a los meteorólogos y hacen llegar a la conclusión de que la existencia y el incre¬mento del efecto invernadero en la atmósfera terrestre es un hecho consumado.
La concentración de CO2 en la atmósfera ha aumentado desde mediados del siglo XVIII. Se estima que 2/3 de las emisiones procede de la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas), mientras que el tercio restante procede del cambio en la utilización del suelo y de las emisiones animales, en particular de los vacunos. Del total emitido solo el 45% permanece en la atmósfera, sobre un 30% es absorbido por los océanos y el restante 25% pasa a la biosfera terrestre. Por eso el aumento de CO2, es considerable en los océanos y en la biosfera.
En la primera mitad del siglo XX, el contenido del CO2 en las capas bajas de la atmósfera constituía un 0,03 por 100, cifra publicada en 1956, nombrado como el primer Año Geofísico Internacional. Las mediciones hechas en algunas ciudades y centros industriales, equi¬valía a un 0,28 por 100; es decir, en las ciudades y centros industriales, como consecuencia de la actividad humana, la contaminación era mayor.
En 1985 se efectuó la segunda medi¬ción internacional del aire atmosférico y se comprobó que el gas car¬bónico había alcanzado ya un 0,34 por 100. A fines de 1990 la cantidad se había incrementado una milésima más y a principios del siglo XXI, el porcentaje de CO2 en la atmósfera era ya de 0,60 por ciento. De hecho, entre 1970 y 2004, las tasas anuales de CO2 aumentaron un 80 por ciento. Los científicos, suponen que para mediados del siglo XXI el contenido de gas carbónico en la atmós-fera se duplicará, lo que conlleva una elevación de las temperaturas en todo el planeta (de 1,5 grados cerca del ecuador y de 4 grados en latitudes altas).
El informe de la Comisión de la ONU en 1987 afirmaba que en las próximas décadas, a causa del efecto invernadero, el nivel de los océanos se elevará de 25 a 140 centímetros. Y como fenómeno paralelo, la desertización de las zonas más secas se extenderá considerablemente.
De todos los gases de efecto invernadero, los de mayor permanencia en la atmósfera son el CO2, que puede durar entre 5 y 200 años, y el óxido nitroso N2O que puede durar 114 años, mientras que el metano tan solo dura unos 12 años.
En 2004 el gobierno británico encargó el informe Stern (publicado en 2006) para estudiar el impacto del cambio climático en la economía. El informe indicaba que la distribución de las emisiones de gases de efecto invernadero era como sigue: un 24% era producido por la generación de electricidad, un 14% por la industria, un 14% por el transporte, un 8% por los edificios y un 5% por otras actividades. Todo ello son 2/3 partes del total de emisión de gases de efecto invernadero. El tercio restante se debe a la producción de gases por los animales, la deforestación y los producidos por los residuos. Y añadía que desde el año 1850, Estados Unidos, Europa, China e India, han generado el 70% de las emisiones totales de CO2.
EVOLUCION DE LA ATMOSFERA
Calentamiento global y cambio climático producido por los gases de efecto invernadero.
En la Tierra a partir del año 1950 se dispararon las emisiones debidas a la combustión de combustibles fósiles, tanto las de petróleo y gas natural, como las ya existentes de carbón.
150 años de industrialización y de emisiones están modificando el clima y aunque se redujeran las emisiones de gases de efecto invernadero y se estabilizara su concentración en la atmósfera, sus efectos continuarán. Según estimaciones de futuro de la Agencia Internacional de la Energía en un informe de 2009 pasaremos de 4 t de emisión de CO2 por persona en 1990, a 4,9 t en 2030.
Con todo, los estudios que afirman que, al elevarse las temperaturas del aire, los hielos que cubren la Antártida y Groenlandia se descongelarán en parte, se están confirmando por medio de las últimas investigaciones científicas. Los datos obtenidos mediante la perforación de pozos que atravesaron todo el grosor de los hielos antárticos, prueban que los casquetes polares se formaron hace unos 38 millones de años y durante este tiempo hubo varias elevaciones de temperaturas en la Tierra, una en el Mioceno (hace unos 20 a 25 millones de años, durante el cual el contenido de gas carbónico en la atmósfera era de 0,1 por 100 y las temperaturas del aire en las altas latitudes eran entre un 3 y un 4 por 100 más altas que hoy.
Por otro lado, una mayor elevación de temperaturas aumentará las evaporaciones de la superficie acuática del planeta, incrementando las precipitaciones, aunque no de forma uniforme en toda la Tierra. Aunque puedan disminuir a lo largo de una zona que va desde España, atraviesa el sur de Europa y alcanza el Cáucaso norte y las regiones occidentales de Kazajstaán, en zonas situadas al norte del paralelo 50 de Europa y América, las precipitaciones irán en aumento. Todo esto viene ocurriendo desde hace una década.
Para poder estudiar las consecuencias del efecto invernadero los científicos recurren a los datos paleográficos de otras épocas.
En las zonas más cercanas a los polos, las reconstrucciones paleográficas del último millón de años brindan datos importantes por los sustanciales cambios climáticos que se produjeron. Durante las glaciaciones, hielos similares a los de la Antártida cubrían Canadá y el norte de Europa. Entre dichas glaciaciones, el clima se suavizaba descongelando la mayor parte de América y Europa. En Siberia, los bosques cubrían las zonas de tundras actuales; los ríos eran caudalosos y llenaban la cuenca del Mar de Aral hasta alcanzar 72 metros por encima de su nivel, desaguando en la parte sur del Mar Caspio.
En las zonas más cercanas al Ecuador, en la meseta de Ahaggar, al sudeste del Sahara argelino, a 3.000 metros de altitud, se conservan todavía estanques que no se secan y que conocen bien los tuareg, habitantes de estos lugares. Se sabe que contienen cocodrilos de la misma especie que los del río Niger. En las orillas de estos cauces se han encontrado numerosos restos neolíticos, que según análisis radiocarbónicos tienen entre 5.000 y 9.000 años, cuando la Tierra disfrutaba de un clima más cálido que el actual.
Con todo, la emisión de gases de efecto invernadero es una preocupación del total de los mortales. La preocupación actual es hacer disminuir la emisión de los gases más contaminantes y de los de efecto invernadero. Aunque la elevación de la temperatura terrestre, no sea tan rápida como se pensó en el informe de la ONU de 1987, lo cierto es que en los años más recientes se han incrementado los desajustes meteorológicos y los fenómenos de desertización.
Y todo ello debe evitarse.


Añadir comentario