…. andaba de casa en casa como pieza de

ajedrez, sin poder nunca coger la dama.

Quevedo

Cuenta la leyenda que el rey hindú Sirham, encargó a uno de sus súbditos, un sabio gurú, un brahmán llamado Sissa o Sisla, la creación de un juego con un tablero de sesenta y cuatro casillas (distribuidas en 8 filas y 8 columnas) sobre el que se operaba con figuras alegóricas a personajes guerreros de la época. El juego tuvo tanto interés para el rey, que quiso premiar al creador concediéndole lo que deseara: “Pídeme lo que quieras que te será concedido”. El sabio pidió un grano de trigo por la primera casilla, dos granos por la segunda, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta, dieciséis por la quinta, treinta y dos por la sexta y así sucesivamente hasta la casilla sesenta y cuatro. El resultado fue tan abultado para el rey que no pudo satisfacer la petición del creador. ¿Cuántos granos debería darle?, ¿habría en aquella época suficiente trigo para dar satisfacción a las demandas del sabio? Cuando se hicieron los cálculos, se comprobó que era preciso que el reino tuviera 16.384 ciudades con 4080 graneros cada una y cada uno, 174.162 medidas, cada una de 32.768 granos.

Sin embargo, el origen del ajedrez no está del todo claro. Hay estudiosos que lo atribuyen al mandarín chino Hang-Sing, durante el gobierno del emperador Kao-Tsu, allá por el año 175 antes de que naciera Chus. Los egipcios también son considerados por los egiptólogos como inventores del ajedrez, después que en la tumba de Tutankhamon apareciera un tablero; y también a los caldeos, porque según algunos arqueólogos, piezas de barro encontradas en Mesopotamia, que datan de hace más de tres mil años, podrían ser piezas de ajedrez. Otras versiones legendarias atribuyen su origen a los antiguos griegos, en concreto al rey de la isla de Eubea, Palamedes, quien durante la guerra de Troya habría creado un juego similar.

Parece, como en el caso del origen de las lenguas, o el origen de la matemática, que sus inicios se adentran en el túnel de la primera historia de la Humanidad. Sin embargo, la etimología de la palabra de las piezas del ajedrez, parece de origen sánscrito[1].

Sea como fuere, en el siglo V de nuestra Era, el juego del ajedrez era ya conocido en la India. Los persas lo aprendieron durante su dominio de los territorios de la India y lo transmitieron al mundo árabe.

 

El ajedrez en la Edad media

Los árabes fueron los encargados de introducirlo en Europa a través de la Península Ibérica durante su dominación durante buena parte de la Edad Media. Durante los siglos XI y XII, se distribuían tratados árabes en nuestro territorio sobre el juego del ajedrez. Y fueron estos tratados los que sedujeron al rey Alfonso X el Sabio para su traducción en la Escuela de Traductores de Toledo. Con posterioridad, durante las Cruzadas y después, el juego del ajedrez se generalizó en España. En el siglo XIII se puede decir que se generaliza el juego del ajedrez.

Alfonso X el Sabio nació en Toledo el 23 de noviembre de 1221 y murió en Sevilla el 4 de abril de 1284. Fue Rey de Castilla y León desde 1252 hasta su muerte. Habíase educado en su juventud bajo los auspicios de doña Berenguela, en Galicia.

Durante su mandato nace el castellano como lengua oficial. El mismo rey tomó la decisión de usar el castellano en sus escritos y en todos los documentos oficiales del Reino.

Su labor en apoyo de los estudios de la ciencia y la cultura, fueron de gran interés. Trasladó a Toledo las Academias que los hebreos tenían en Córdoba en el siglo X y en Sevilla estableció escuelas de latín y árabe. Familiarizado con la cultura oriental enriqueció nuestra cultura con los trabajos científicos de árabes y hebreos.

Entre las muchas obras editadas en la Corte de Toledo hay algunas dedicadas a los juegos. Tal es el caso del Libro de los juegos y del libro de la Montería. El Rey Sabio distinguía entre los juegos en general y el ajedrez en particular. Naipes y dados merecían alguna censura, mientras el Ajedrez lo consideraba “honesto y desinteresado recreo, en el que se ejercita la inteligencia, sin mezquina idea de lucro, y ajeno completamente al azar, esa ciega deidad a que se someten la fortuna los juegos del vicio”.

Pero el esfuerzo editorial y de recopilación de la Corte de Toledo no se concentró solamente a las obras de juego y a la lengua castellana, sino que también tuvo un gran interés sobre las obras de interés científico. Aunque las obras de carácter científico en las que intervino Alfonso X, debieron ser menores de las que se le atribuyen, a tenor de lo que opina J. Mª Millás. Se trata de tratados sobre astronomía y astrología traducidos del árabe y probablemente de origen remoto griego. Entre los astronómicos destaca el Libro de la ochava esfera et de sus XLVIII figuras, el Tratado del cuadrante Sennero y las Tablas alfonsíes, escritas en 1272, que se ocupan de los eclipses, del movimiento de los planetas y de la medida del tiempo. Sobre astrología produce el Libro de las cruzes, el Libro complido de los judizios de las estrellas, el Picatrix y de manera especial el Lapidario. Este último sobre mineralogía y de los dos anteriores quedan sendas versiones en latín y castellano. También el Astrolabio redondo y el Astrolabio llano. también escribió las Armiellas; Láminas de los planetas; el Quadrante; la Piedra de la sombra; el Relogio de agua; el Palacio de las horas; los Indicios de las estrellas.

Desde el punto de vista de la Matemática, el interés de Alfonso X estriba en que reunió en su Corte numerosos científicos de la época, sin distinción de razas ni creencias: musulmanes, judíos y cristianos colaboraban con él en las investigaciones y traducciones para transmitir a Europa la cultura oriental. Alfonso X tenía el derecho de redacción de las obras, por encima de los colaboradores. Él hacía las correcciones de estilo y de lenguaje, eliminando lo que no estuviera escrito en castellano.

Además de numerosas traducciones y obras literarias, jurídicas e históricas, desde el punto de vista matemático merece destacar los libros del Saber de Astronomía en el que figuran las Tablas alfonsíes y el Lapidario. Y como trabajo de interés anecdótico el Libro de Ajedrez, como parte del Libro de los juegos.

En el Libro de Ajedrez recoge una variedad ampliada, llamada del ajedrez grande, cuya característica principal es que se desarrolla sobre un tablero de doce por doce casillas, y por tanto formado por 144 casillas y mayor número de piezas.

Alfonso X

Ilustración del Libro de los juegos con el rey Alfonso X el Sabio.

Lo más importante de la Corte de Toledo se debe al papel divulgador, más que los trabajos de investigación pura, sobre todo si se tiene en cuenta que antes de La Escuela de Traductores de Toledo, las creaciones en astronómica habían obtenido descubrimientos y logros de mucha mayor importancia que las expresadas en Toledo. Alfonso X realiza, no obstante una labor de revisión y reordenación meritosa, desde la compilación del astrónomo árabe del califato de Córdoba, Azarquiel. En Toledo se revisarían los descubrimientos de Azarquiel, entre 1262 y 1272. El taller alfonsí trabajaba en equipo con un respeto escrupuloso a las fuentes. En los prólogos de los libros aparecen los colaboradores y sus misiones respectivas. Sirva como ejemplo los ordenamientos que inician los IV Libros de las estrellas de la Ochava esfera: “En nombre de dios amen. Este es el libro de las figuras de las estrellas fixas que son en ell ochavo cielo, que mandó trasladar de caldeo e de arábigo en lenguaje castellano el rey D. Alfonso ….; et trasladólo por su mandato Yhuda el Coheneso, su alfaquín, el Guillén Arremón d’Aspa so clérigo.

Et después lo endreçó, et lo mandó componer este rey sobredicho, et tolló las razones que entendió eran soberanas, et dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras que entendió que cumplían; et quanto en el lenguage endreçolo él por síse.

Et en los otros saberes hobo por ayuntadores a maestre Joan de Mesina, et a maestre Joan de Cremona, et a Yhuda el sobredicho, et a Samuel”.

En general la obra de Alfonso X, no fue de mera vulgarización. Aunque se preocupe, en especial, para que sus trabajos se entiendan claramente, cuestión que viene reflejada en los prólogos preliminares, ello no significaba que cualquier súbdito del rey pudiera comprender su contenido. En el Libro de las Armellas (o Armillas), antiguo instrumento similar a la esfera armilar, que servía para medir trigonometría esférica, se dice: “Mandamos a nuestro sabio Rabicag el de Toledo que le hiciese el libro con la traducción bien cumplido y bien llano de entender, en guisa que pueda obrar con él hombre cate este libro”.

[1]El vocablo ajedrez procede del  árabe assatrany, y éste del sánscrito chaturanga, que significa juego entre cuatro cuerpos de ejército: peones, caballos, roques, torres o carros y elefantes (del sánscrito alfiles).

 

José Manuel Álvarez-Pravia

José Manuel Álvarez-Pravia

José Manuel Álvarez Pérez (nacido en Babia, en 1948, de ascendencia somedana por parte de padre), es profesor de matemáticas jubilado.
Impartió clases en Madrid, Castilla-La Mancha y en Langreo (Asturias).
Asímismo es licenciado en Historia.

Desde hace varios años se dedica al estudio de la Historia de la Ciencia y de la Matemática. En particular del pensamiento en la Ilustración asturiana del siglo XVIII y principios del XIX.

Ha publicado varios trabajos e impartido conferencias sobre matemáticos españoles del Renacimiento (Pedro Ciruelo y otros), sobre la medida del tiempo, sobre música y matemática, y sobre mujeres matemáticas. En 2006 publicó en la Editorial Nívola un estudio en dos volúmenes sobre curvas matemáticas, titulado Curvas en la historia.

Ha investigado la vida y obra de Agustín de Pedrayes, y publicado en la revista Cuadernos de Estudios del Siglo XVIII (2014) un artículo titulado Agustín de Pedrayes en su contexto. Matemática sublime y aplicada. Recientemente dio a la luz su última publicación, Agustín de Pedrayes y los números de la Ilustración, una biografía de Pedrayes con la edición crítica de un manuscrito suyo.

En 2019 publicó Cálculos electorales. Isidoro Morales y el cálculo de la opinión en las elecciones, que incluye un comentario crítico de una “Memoria” de José Isidoro Morales publicada en 1797.

En la actualidad trabaja sobre estadística aplicada a los análisis y sondeos electorales, con especial dedicación a una radiografía electoral de la región asturiana.

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