De los más de cien millones de turistas que visitan España, según las estadísticas oficiales, la inmensa mayoría lo hace por los aeropuertos de Madrid-Barajas, del Prat de Llobregat, del aeropuerto de Palma de Mallorca y de otros. Junto a los que viajan en coche, autobús, tren o caravana, entran los que vuelan en avión. Pero esos no son inmigrantes, sino más bien turistas business con plaza de primera y gemelos nacarados. Es decir, son los que dejan la divisa. Los de la foto son marginales desarrapados que solo traen una mano delante y otra detrás.
Vivimos una época donde nada es lo que parece. La guerra no es guerra, sino medida preventiva; el genocidio es una medida de liberar a un pueblo; los jueces y la policía no saben quién es M. Rajoy; y los áticos se compran con dinero público sin comprarlos. Menos mal que de todo ello nos va a salvar la IA, que no es otra cosa que la inteligente idea de controlarnos un poco más. Naturalmente como complemento de ese eufemismo que nos repiten machaconamente: “yo lo tengo todo guardado en la nube”. Pero la nube son potentes ordenadores que están almacenando datos en Chicago, Boston o San Francisco. Es difícil pervertir más el lenguaje.
Para la mayoría de la gente con sensatez, raciocinio y corazón, los inmigrantes de la foto son los supervivientes de una larga travesía del desierto que milagrosamente han salvado el pellejo tras muchas vicisitudes. Son gentes que huyen de las guerras provocadas por voraces esquilmadores de minerales africanos, que vienen en busca de trabajo y la esperanza de una vida mejor. Para esa mayoría hay que ayudar a esos pobres. Para los partidos del bipartidismo son pobres que hay que tener en cuenta, pero sin crear conflicto con los ricos. Para algunos partidos del Gobierno son pobres que hay que ayudar sin que con ello se moleste a la cadena Sexta. Para los desequilibrados ultras son mindunguis que hay que cazar para arrojarlos al mar. Y para otros representantes del buen orden hay que expulsarlos, pero sin que parezca que no los queremos.
El crisol de la España invertebrada necesita una recomposición. El vertebrador que la vertebre buen vertebrador será.



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